miércoles, 30 de agosto de 2017

IKEA Y EL TAPICERO PERPLEJO.



                                            ( Fuente de la imagen web oficial IKEA)                                                  



    - Siéntese, siéntese Vicente, es el  Strandmon, el orejero vintage de IKEA... me encanta -admite el marido de su hija, tiene barba y coleta, también unas pulseras de cuero en la muñeca derecha, viste como desastrado, como si hubiese sacado la ropa de un contenedor y sin embargo su hija esta enamorada de él. Tiene aspecto de joven y la perplejidad invade al tapicero, los hombres de hoy tienen aspecto de niños y los niños de antes, los de su época, tenían aspecto de hombres.
   - A los trece años estaba harto de tapizar este modelo -murmura el tapicero- pero yo lo hacia con el asiento de muelles...-se mira las manos y descubre las duricias en sus dedos de tanto tensar las cuerdas o de estirar las cinchas, llevan ahí desde su infancia, también siente la mirada de su mujer en el cogote y aunque no hable, con los años las miradas hablan y le dicen que calle, que a la gente de ahora no le interesan las historias de antes, pero él no puede callar- pues es como el orejero que tenia la abuela en la salita, se lo retapicé media docena de veces... ya veremos cuantas lo retapizareis vosotros.
   - Estos muebles no se retapizan... cuesta 199 euros, no vale la pena.
   - No lo entiendo... -el tapicero niega con la cabeza mientras echa una mirada al nuevo catalogo de IKEA, el orejero esta ahí, incluso le hacen una especie de entrevista en la que se habla de la artesanía, incluso se habla de los pliegues hechos a mano del reposabrazos, se habla del valor de la pieza hecha a mano- si tiene tanto valor como dice aquí ¿Por qué no lo retapizais...? no lo entiendo.
  El marido de su hija sonríe y contesta a una llamada del móvil, vuelve a sentir la mirada de su mujer y se gira hacia ella, sonríe y se siente mejor, ella si le entiende pero él ya no entiende al mundo, todo parece del revés.
  
    
   
   
  

sábado, 19 de agosto de 2017

SILLON "OX" DE HANS WEGNER... SOLO PARA MIS OJOS.




 
 
 








      Mansiones en las que el lujo es extremo, palacios y villas de millonarios, de actores, de empresarios... de personas que parecen vivir en otro planeta, en otra dimensión y rodeados por el exceso, por la ostentación, por lo barroco... pero el esqueletero solo tiene ojos para las piezas tapizadas, por eso sonríe sorprendido al descubrir un autentico icono en una de esas casas solo para ricos, en una de esas casas en las que uno se siente por encima del resto de los plebeyos, por encima de las personas que compramos ese tipo de revistas.

 
 
 

 
 
   Y si, los ojos del esqueletero solo se alegran cuando se recrea observando al galgo inmóvil en  el salón, o cuando descubre el sillón Club de piel que recuerda al Bugati, bajo el techo del palacio, le encanta descubrir a la The Chair en otro de esos pisos, menos ostentosos, pero que rezuman clase y estilo, quizás mas próximos a los hogares que el esqueletero conoce... se detiene en esos salones y también ante la foto de ella y del portero de color, es una imagen que le hace pensar en las clases, en las relaciones entre los humanos, pero se encoge de hombros, realmente la evolución y la Selección Natural nos ha hecho así, distintos entre nosotros, por eso hay personas que compran la revistas y suspiran por esas mansiones, por las piscinas, por los inmensos salones, mientras que el esqueletero suspira ente la imagen del "Ox", ante esa pieza tan especial del danés y tan rara de ver incluso en la revistas de decoración... solo para sus ojos, solo para mis ojos.
  

sábado, 12 de agosto de 2017

BUTACA "MARTINA Z", DEMASIADO RETRO, DEMASIADO VINTAGE.








     Se llama Martina Z, quizás demasiado retro, quizás demasiado vintage... así es ella y su nombre no es capricho, tiene su sentido, lo tiene para mi porque siempre que uno se inspira en alguien, le debe de sonreír o guiñarle un ojo, un gesto, una reverencia sutil al que fue por delante.
 

 
 
     Se llama Martina Z... porque entre otras cosas veo formas de mujer, curvas y estrecheces, las de las caderas al final de la sentada que te engulle entre los brazos curvados como toboganes sobre los que te deslizas lujuriosamente. Pueden recordar a unos labios que te conducen al centro del todo, a la entrega pasional entre los brazos de una butaca sensual y al tiempo ardiente, delgada pero con formas insinuantes y siempre allí, en el rincón del dormitorio, observándote cuando te desnudas, cuando duermes... y a ti te gusta mirarla porque recuerda a lo autentico, a otros tiempos, a aquel hotel en el que amabas y eras amante.
 

 
 
     Se llama Martina Z y ya tiene amantes, quizás porque es demasiado vintage y demasiado retro, quizás porque recuerda a iconos  nacidos a orillas del mediterráneo y llenos de vida, cálidos y vivos, lejos queda el vintage danés que tanto me ha inspirado, elegante, dulce, cálido...pero sin chispa, sin la sonrisa insinuante, sin la mirada latina.
 

 
 
 
 
 

lunes, 7 de agosto de 2017

ESQUELETAJES MID CENTURY.

 




 

 

     El esqueletero logra sonreír y se fija en los costados de la nueva butaquita que comparte cartel con su Begg y con el Papa Bear, a él le gusta llamarla ranita, le recuerda a eso, a una ranita y se fija en los costados porque están cortados con la sierra de cinta, moldeados al aire y después repasados con la radial. Le gusta ver como se curvan suavemente y como se aplanan... una contemplación en soledad, una apreciación propia, íntima, que solo él puede medir y valorar.
 
 
   Después observa  la replica del Wegner y al Begg, ese es diseño suyo, salvo la cruceta inferior, heredada de los B-160. Sus líneas difieren de las del Bear, son fluidas, buscan algún circulo, un camino de ida y de vuelta sin cruces ni ángulos rectos.
   El icono danés también juega con las curvas en su alto copete pero prescinde de ellas cuando desciende y lanza sus brazos hacia el frente de una manera viril y tan masculina, como diría Sandra... en la calle hace calor y algunos vecinos sonríen y bromean con el esqueletero que posa para que Mireia le haga una foto arrellanado en el Begg y mirando hacia el cielo de la tarde.
   - Los vencejos ya se han marchado -murmura, como si con la partida de las aves se fuese ido también parte de su vida.
   - Si...¿ya no están...? -responde Mireia- te he hecho varias fotos, mira a ver las que te gustan.
   Y el esqueletero vuelve a sonreír porque sabe que ella siempre hace buenas fotos.